noviembre 26

¿Sirve HOY la Filosofía para algo?

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Con ocasión del día de la filosofía 2022

Ayer, una amiga me dijo que la filosofía está de moda, y lo decía con entusiasmo, porque consideraba esencial que hoy las personas tengamos la cabeza bien amueblada. También otras personas a las que he preguntado recientemente, entre ellas, mi hija. Para ella la filosofía nos formaba para hacer preguntas, más que para encontrar respuestas. Y, yo diría, que es cierto, al menos coincide con lo que habitualmente se dice. Algo de eso se muestra también en la misma existencia de un día de la Filosofía, lanzado por la UNESCO en 2002. Parece, pues, que el valor de la filosofía está en alza.

Según la UNESCO 

"la filosofía proporciona las bases conceptuales de los principios y valores de los que depende la paz mundial: la democracia, los derechos humanos, la justicia y la igualdad." 

También señala que, además de 

"ser una disciplina, la filosofía es también una práctica cotidiana que puede transformar las sociedades y estimular el diálogo entre las culturas. Al despertar al ejercicio del pensamiento y a la confrontación razonada de opiniones, la filosofía ayuda a construir una sociedad más tolerante y respetuosa. De esta manera, permite comprender y traer una respuesta a los grandes desafíos contemporáneos, creando las condiciones intelectuales para el cambio." 

La directora de la UNESCO insiste: 

"Para construir un mundo mejor, para avanzar hacia un ideal de paz, sabemos que debemos adoptar un enfoque filosófico, es decir, debemos cuestionar los defectos de nuestro mundo, más allá del tumulto de las crisis.La filosofía es, por tanto, esencial a la hora de definir los principios éticos que deben guiar a la humanidad."

Estas palabras nos sitúan ya en una forma de ver la filosofía. Se nos transmite la existencia de una conexión entre la práctica de la filosofía y los problemas humanos, los retos humanos, especialmente aquellos que tienen que ver con la tolerancia, la paz, el respeto, la democracia, los derechos humanos, la justicia, la igualdad. Y todo ello gracias a un supuesto enfoque específico que promueve el diálogo entendido como confrontación razonada de opiniones. Grandes palabras todas ellos, desde luego. Y un gran peso, también, para la filosofía, ¿no?

Según lo que se dice, la conclusión es obvia: no sólo es importante, sino que es fundamental para afrontar las encrucijadas humanas a las que nos dirigimos. Creo que a nadie se nos escapa que tenemos frente a nosotros serios problemas que debemos afrontar como humanidad. Y el reto no es la supervivencia de la especie (¿a quién le importa? Al fin y al cabo es simplemente una especie más) sino una supervivencia bajo ciertos valores a los que no debemos (o no queremos) renunciar. Ahí están en juego la libertad y la igualdad, la justicia social, la vida digna de todos y todas, la democracia… para lo que es necesario reflexionar sobre los modelos de organización económico-social. Y todo ello en un contexto planetario, lo que añade más dificultades porque entran en juego intereses geopolíticos, intereses que juegan con valores identitarios como la patria, las religiones, las formas culturales de vida… frente a los cuales es difícil mantener una diálogo orientado al entendimiento, como diría Habermas. 

En cierto modo podríamos afirmar sin equivocarnos mucho, que buena parte del territorio que he dibujado es objeto de la filosofía: 

Si miramos los problemas humanos a los que nos enfrentamos, la mayor parte (o todos) tienen que ver con cuestiones éticas (y consecuentemente políticas) fundamentales. Y en este terreno los saberes específicos (las diversas ciencias) no sólo no tienen la última palabra sino que sólo pueden entrar en juego como auxiliares de una deliberación sobre cuestiones de valor, no de hecho. 

La distinción de Hume entre cuestiones de hecho y de valor sigue vigente. Hay una cierta imposibilidad para pasar del ser al deber ser, de lo que las cosas son a cómo deben ser las cosas. 

Un ejemplo: En la COP27 parece que el escollo más serio para el acuerdo final tiene que ver con el desequilibrio entre quienes más CO2 producen (han producido) y los que menos. Los países que pueden verse más afectados por los efectos del cambio climático suelen ser los que menos CO2 han producido y, lo que es más importante, suelen ser, también, los más pobres. Este desequilibrio es la base de la demanda de estos últimos de financiar las pérdidas y daños por los efectos del cambio climático. ç

Y aquí se nos plantea una pregunta: ¿Es justa esta reclamación? Difícil pregunta, ¿no? Las ciencias sólo pueden establecer el grado de desequilibrio, pueden calcular cuánto CO2 y otros gases han emitido los distintos países, pueden calcular la riqueza de los países, etc. Pero no pueden responder a la pregunta de si es justa esta reclamación. Los datos que la ciencia puede aportar son cuestiones de hecho, es decir, cómo están las cosas y cómo han llegado al punto en el que estamos: los datos. Mientras que la pregunta es sobre una cuestión de valor. Estamos en otro territorio.

Otro ejemplo. Vivimos en una sociedad organizada básicamente (permitidme hablar de forma simplificada) según la economía de libre mercado que tiene como eje la libertad formal de iniciativa de todo individuo y el principio de la propiedad como valor sagrado. Los hechos nos muestran que una parte significativa de la sociedad española malvive. La población en situación de privación material severa fue en 2020 del 8,3% de la población. La población en situación de riesgo de pobreza o exclusión social fue del 27,8 (13,1 millones de personas). Es decir, un tercio de la población española está en una situación realmente difícil. Habría que añadir, probablemente, otros sectores de la población que no están en riesgo de pobreza, pero cuya vida material no es del todo satisfactoria. También podemos añadir los datos del coeficiente de Gini, un coeficiente que pretende medir la desigualdad. España en 2021 estaba en el 0,33, ocupando el puesto 57 del mundo. (0 es igualdad, 1 desigualdad) Estos son los hechos, grosso modo, claro. Frente a estos hechos podemos preguntarnos lo mismo: ¿es esta situación justa?

Me gustaría resaltar ahora la mención al enfoque filosófico que hace la directora de la UNESCO. Esto es importante si queremos entender si la filosofía hoy tiene o no valor. Por un lado, nos habla de un enfoque, aunque también señala que es que es una disciplina. Y en esta distinción quiero incidir. 

Como disciplina hay que hablar de "filosofías": Metafísica, Gnoseología, Epistemología, Lógica, Ética, Estética, y luego están todas las "filosofías de" (Filosofía política, Filosofía del lenguaje, la ciencia, del arte, de la sociología, del derecho…). Como "disciplinas" poseen un cuerpo doctrinal que, en la mayor parte de las ocasiones, nos llevan a una historia del pensamiento filosófico. Esto no ocurre con otros saberes: no tenemos una filosofía hoy que podamos considerar como la última versión válida de la disciplina, esto es, que la consideremos como una superación de la filosofía del pasado. Lo que hay es una tradición histórica jalonada por los pensamientos de filósofos y filósofas. Si quiero estudiar "filosofía" como disciplina, no puedo hacer otra cosa que hacer una lectura de su corpus y su corpus es historia del pensamiento filosófico. Puedo ser físico sin saber nada de historia de la física, pero no puedo ser "filósofo" sin saber nada de historia de la filosofía. Esto vale para casi todos los ámbitos de la filosofía. La lógica es, seguramente, la excepción. 

Como disciplina el valor que tiene es el que cada individuo que se acerca a la misma le dé. De hecho leer mucha "filosofía" no garantiza que seamos más o menos críticos, que vayamos a la raíz de los problemas, que revisemos nuestros propios prejuicios y creencias, etc. Para un lector puede aportar cosas, desde luego: placer mismo por la lectura, elementos conceptuales para entenderse mejor uno mismo, quizá, y otras cosas. Pero no necesariamente más allá de lo que podría aportarme cualquier otra lectura a nivel individual. De la misma manera que ser un buen gramático no necesariamente me hace escribir mejor, ser un conocedor profundo de la tradición filosófica me hace ser mejor filósofo. 

Las referencias de la UNESCO se centran en otros aspectos no disciplinares, que suelen atribuirse a la filosofía: ejercitar el pensamiento y confrontar razonadamente opiniones, cuestionar los defectos de nuestro mundo. Podemos añadir algunas cosas más: una actitud y pensamiento críticos, radicales (entendiendo por radical ir a la raíz de los problemas), la búsqueda de la verdad (aunque la verdad sea problemática), la eliminación de todos aquellos impedimentos intelectuales  que frenan los análisis (prejuicios, vinculación emocional con determinadas creencias, etc.). Y, podemos añadir también, la búsqueda del sentido, ligada a la búsqueda de la verdad. En filosofía no se puede separar verdad y sentido. La verdad que la ciencia nos aporta no da sentido a las cosas, no puede afrontar, por ejemplo, la justicia o injusticia de la desigualdad social, la responsabilidad que deben asumir los países ricos en relación a los pobres en lo que se refiere a los efectos del cambio climático. Y el sentido está del lado de estas cuestiones, aunque no sólo. También está en la felicidad o infelicidad, en la forma en que afrontamos la incertidumbre, la forma en que nos conectemos con la comunidad o no, la forma en que conectemos las emociones con el pensamiento racional, etc.

Todas estas cosas tampoco están en la disciplina como tal. No está en las palabras de Kant, ni en las de Platón o Aristóteles. Dice Marina Garcés (Filosofía inacabada) que uno de los rasgos de la filosofía es la actitud de sospecha que es inherente a nuestra tradición filosófica. Esta actitud de sospecha no está en los textos per se, sino que depende de la actitud del lector frente a lo que el autor nos propone. Si el lector no adopta la misma actitud, la lectura no sirve de mucho, salvo del placer de leer y aumentar el conocimiento cultural.

Nos quedamos, pues, no con la filosofía como disciplina, sino con la actitud que yo llamo filosófica y en ella reside su valor y entronca con las intenciones de la UNESCO. Pero no todo es tan fácil.

La filosofía es, pues, sobre todo una actitud y como tal tiene dos componentes: uno de carácter intelectual / racional (usamos la razón y la usamos bien) y otro de carácter emocional que nos desnuda como personas. Para esto voy a utilizar una distinción de Ortega: creencia e ideas. Dice Ortega que estamos en creencias y tenemos ideas. Las primeras no son manipulables conscientemente sino que son el contexto en el que las ideas cobran sentido para nosotros. Las creencias son, pues, el suelo a partir del cual podemos pensar. Y las creencias están conectadas con emociones, con el sentido. Es decir, estamos vinculados emocionalmente a las creencias de forma que las consideramos parte de nuestro sentido común. Las ideas forman parte de lo que podemos pensar conscientemente. Esta distinción me permite clarificar qué queremos decir con que la filosofía es una actitud.

Dice también Marina Garcés (Filosofía inacabada), hablando de los filósofos de la sospecha (Freud, Marx Nietzsche), de la filosofía moderna, pues, que ésta 

"extiende la necesidad de la interpretación al infinito, incluso de manera circular a la interpretación misma, porque no hay un término, un origen, algo a interpretar que esté al margen de la interpretación. Lo que descubren es la apertura irreducible del sentido. Levantan todas las pieles, como las capas de la liebre o la cebolla, y debajo no hay nada, ni Dios, ni sustancia primera, ni sujeto, sino la actitud y la necesidad de seguir levantando capas". 

Así, por ejemplo, podemos enfrentarnos al problema de la desigualdad tratando de dirimir la cuestión de si es injusta. Y puedo ir levantando capas de la cebolla buscando un fundamento que me permita dirimir la cuestión. Puedo acudir al derecho natural, puedo acudir a Dios, a la naturaleza… pero al final la actitud filosófica nos obliga a poner en cuestión cada uno de los fundamentos de modo que, al final, no nos queda nada.  Y este vacío, si hemos resistido la tentación de abandonar y quedarnos con las creencias que ya poseemos, nos llena de desasosiego. Un desasosiego que sólo puede calmarse si consideramos esta búsqueda no como algo individual sino comunitario. Esta es la propuesta, por ejemplo, de Marina Garcés, propuesta que desemboca en la "confianza" 

"en nuestra capacidad de elaborar una razón común a partir de lo que no parece tener sentido: nuestra existencia, parcial, frágil e irreductiblemente singular, en un mundo del que nunca podemos acceder a la comprensión de la totalidad. La confianza, como la filosofía misma, presupone un poder hacer en común, es decir, en continuidad, desde el aprendizaje y la reflexión crítica." 

Es decir, la actitud filosófica nos conduce a la confianza de que podemos construir con otros el sentido y ello exige la comunidad. Esta propuesta también está en la base del enfoque habermasiano, más racionalista, desde luego, pero en su propuesta del diálogo dirigido al entendimiento se esconde el reconocimiento de que, después de haber deshojado la cebolla, no nos queda nada, no hay fundamento.

Para acabar me gustaría resaltar esta idea de circularidad referencial. La actitud filosófica es siempre algo que ejercita alguien, una persona, un ser autoconsciente. Es decir, una mente, un yo, como queráis llamarlo. Pero para ser honestos intelectualmente tenemos que reconocer todas las capas que tenemos, capas que son el punto de partida desde el que podemos pensar, pero que, al mismo tiempo, nos limita las posibilidades del pensar mismo si no somos conscientes de que existen tales capas.

Qué capas son esas:

  1. Hay un contexto socio-histórico que tiene que ver conmigo. Este contexto hco. es parte del proceso de socialización de toda persona.
  2. Proceso de socialización: un lugar, una familia específica, unos valores, una educación emocional… que aporta algo tan importante como determinadas creencias y valores básicos con los que estamos emocionalmente vinculados
  3. Experiencias específicas que tenemos a lo largo de nuestra vida hasta el momento de pensar. Las experiencias primeras son claves.
  4. Una biología específica que reacciona frente a las experiencia con el bagaje que vamos incorporando.
  5. prejuicios y sesgos como resultado

HASTA AQUÍ PODRÍAMOS DECIR QUE SON PROCESOS AUTOMÁTICOS NO CONSCIENTES, NO ELEGIDOS.

  1. Unos saberes a los que tenemos acceso que modulan nuestras ideas
  2. Motivaciones consciente
  3. Pensamiento propio utilizando el material que tengo a mi disposición y con los límites emocionales de las capas referidas anteriormente.

El gráfico trata de mostrar todas las relaciones anteriores. Lo interesante es darse cuenta de que no abandonamos en ningún momento el ámbito interpretativo, no podemos salir de nosotros mismos para encontrar la verdad / sentido. El recuadro azul está en el sujeto, no hay una referencia fuera del sujeto que nos permita pensar en alcanzar la verdad.

Configura, por tanto, muchas capas de las que hemos de ser conscientes y frente a las que debemos, honestamente, hacer frente. Y todo ello en un contexto de relaciones con otros. Los otros son pues un origen, una necesidad y la única oportunidad de afrontar las preguntas.

Imaginad que estoy frente al problema de la desigualdad. De entrada puedo considerar que no es justo tomando como referencia los derechos humanos. También puedo darme cuenta de que los derechos humanos tratan de forma diferente los derechos individuales y los socio-económicos y puedo considerar que eso es injusto, que los socio-económicos deberían tener el mismo trato de obligación que los de libertad. Pero me doy cuenta de que eso podría chocar con otros derechos, por ejemplo el de la propiedad. Y ante eso me paro, porque el derecho a la propiedad está íntimamente ligado a la libertad de iniciativa, base de la organización económica del mercado libre. Y me doy cuenta de que la libertad individual debe prevalecer. ¿Por qué? Me surge otra pregunta. Y me entra el desasosiego. ¿Cuál es el fundamento de que la libertad de iniciativa debe estar más protegida que el derecho a una vivienda? ¿Puedo resolverlo individualmente o preciso de un acuerdo, de un sentido común construido con otros?

¿Qué valor tiene hoy la filosofía? Estoy convencido que su valor está precisamente en este enfoque, que no específico de la Filosofía, pero que debe estar en la base de la educación de todo ciudadano si lo que queremos, como dice la UNESCO, es superar los retos humanos a los que nos estamos o vamos a enfrentarnos. Pero para eso, también es necesario replantearnos de la organización social, reconstruir lo comunitario de forma que no suprima la individualidad ni, por tanto, la diversidad humana.

Autor: Enrique Pampyn


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