enero 5

Cuando Cazaba Insectos

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Hace días, meses, años salía de casa con un bote y unas pinzas y cazaba insectos. Las arañas eran las que me daban miedo. Las mariposas las que me aburrían. Los escarabajos los que saciaban más mis ansias de cazador.

Escucho en las noticias que una familia llevaba conviviendo con tres cadáveres tres semanas y que los niños dormían en la misma cama que sus hermanos muertos. Al minuto de esta noticia me sirven unos bonitos anuncios en los que me venden sensaciones creadas por objetos maravillosos. La nausea no existe porque el hábito la ha ensordecido.

El bote que llevaba estaba lleno de alcohol y al dejar caer a los insectos miraba como se ahogaban en esta muerte líquida y morían. ¿Qué sentirían a parte del dolor? ¿Qué sentía yo? No lo recuerdo.

Veo a un padre y aun hijo en la calle y veo que el padre le llama y el hijo viene. Luego el niño se distrae y el padre sin mediar palabra le da un tortazo en la cara y el niño solo le mira y no llora. Desafiante mirada del uno, aterrorizada la del otro. Sigo de largo, mordiéndome la lengua, atragantándome de cobardía.

Ya en mi casa sacaba a los insectos del bote y sobre un corcho les clavaba un alfiler entomológico negro y destilado. Iniciaba a continuación la laboriosa tarea de colocar las patas en la correcta posición y ahí se les dejaba secar en su tránsito a la caja de los horrores.

Mi amigo tiene un ex mujer drogadicta y tres hijos que mal viven con ella porque su padre no para de ponerse excusas para que no vivan con él. Mi vecino casi mató a una dominicana hace unos años, en una salvaje cacería y hoy luce corbata de seda y decide no recordar lo que fue o quizás lo que siga siendo. Mi prima deja a sus hijos en casa de sus padres el lunes y les recoge el jueves. Su vida es un cúmulo de obligaciones, gana mucho dinero, está muy ocupada. Su hija mayor admira a Belén Esteban y quiera entrar en Gran Hermano

De vez en vez abría la caja de los insectos y observaba mi colección. Era una colección de la que me sentía orgulloso. Allí estaba la araña que me daba miedo, la mariposa que me aburría y los escarabajos anhelados. Todos muertos y pétreos y bellos. Cenizas de vida sostenidas por sus cascaras vacías. La caja duró años, las cascaras se fueron deshaciendo en polvo de olvido y sólo quedaron los alfileres desnudos y hambrientos.

El Hombre Pájaro


Curioso insatisfecho. Puedes encontrarme en la rama de algún árbol de los que habito. Para encontrar esos árboles tienes que buscar desechos en la base como hojas arrancadas de libros, poemas quemados, pinceles desgastados y manchas de tinta. Escríbeme a nido@elnidocaotico.com

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