En los 80s se estrenó una película sobre las consecuencias de una guerra atómica que se titulaba The Day After. Trataba de lo que pasa al día siguiente de una guerra nuclear. Ahora estamos en una situación parecida: el virus ha estallado en todo el mundo, y ahora nos toca gestionar la situación del día siguiente.


Creo que en el proceso actual estamos pasando tres fases muy claras:


Fase 1. El impacto – Del día cero hasta ayer. Se dispara el virus y cambian las condiciones de nuestra vida. Esta etapa ha estado dominada por una madura respuesta ciudadana, y el pánico total en el sistema público. Tres semanas después de iniciarse la emergencia estamos todavía buscando suministros básicos y las condiciones de trabajo de los sanitarios son lamentables. Los organismos profesionalizados han respondido de una forma brillante. Gracias a todos ellos desde aquí.


Fase 2. Tomar el control – Entramos en ella ahora, hasta que se levante el confinamiento. Deberíamos tener un objetivo de reducir el confinamiento lo más posible por dos motivos esenciales: organización social y economía. En la parte económica tenemos que evitar que el confinamiento se lleve por delante a la mitad de las PYMES españolas, que es el riesgo que tenemos ahora. El drama social de un país en quiebra puede hacer más daño que el propio virus. En cuanto a lo social, no podemos tener ancianos y niños encerrados en casa mucho más tiempo, necesitan tomar el aire, hablar con otras personas, hacer ejercicio, y salir de la depresión y la angustia.


Fase 3. Resolver el problema – Necesitamos diseñar ya mismo la estrategia para poder levantar el confinamiento. El mensaje oficial es que el virus bajará, y que luego todos a lo nuestro, que el new normal va a ser igual que el anterior. Pero esto no es cierto. No podemos simplemente volver a la calle si no hay medicamentos ni vacunas, porque entonces todo empezaría de nuevo. Es obligatorio ir a un modelo de gestión de la enfermedad, no de la población, para que volvamos a la calle. Esto equivale a acciones muy precisas: muchos test y controles, triaje rápido, seguimiento de contactos, y cuarentenas nominativas. El foco es detectar enfermos y sospechosos, y aislarlos. Para eso hace falta tecnología, educación, comunicación y organización.


Sin embargo, el Gobierno no va en esa línea. Las iniciativas de este fin de semana no tienen ni la orientación, ni la profundidad necesaria. Seguimos con miedo, y sin tener una dirección competente, profesional y ejecutiva, para la gestión de la epidemia. Sanidad no tiene capacidad, y el problema es más grande que el que pueden resolver las autonomías individualmente. Este es un problema de Estado, y tenemos profesionales cualificados para crear un mando único, y una dinámica eficiente. Este problema no se puede resolver a base de leyes puntuales, sino de una estrategia bien definida, comunicada a todo el mundo, y sustentada en planes de acción y equipos profesionales.


¿Hay una estrategia? Hoy en día nadie lo sabe, todo parece un mecanismo de relaciones públicas. Después de varios episodios de alto riesgo en este siglo, descubrimos que no hay planes de contingencia, o no hay capacidad de ejecución.


España tiene las personas, las ideas y los medios para abordar la crisis, pero se nos ha calado el motor y estamos al albur de las circunstancias. Tenemos que tomar la iniciativa sobre la enfermedad. Otros países nos han marcado el camino y debemos seguir sus experiencias.


Este artículo ha sido preparado al alimón por Pedro Domingo Pérez y por Alfonso Díez.



Alfonso 

Alfonso Díez Rubio

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