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Lenin 16 de abril

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DEL 16 DE ABRIL A LA ACTUAL EUROPA, PASANDO, POR SUPUESTO, POR LAS TESIS DE ABRIL.

Sometidos como pocas veces a la presión intratable que el presente, o más bien la interpretación que del mismo nos imponen, ejerce sobre nosotros, es cuando tal vez más necesario resulta tener la sangre fría suficiente para detenerse un segundo en pos no solo de coger aire, sino de llevar a cabo el imprescindible ejercicio de reflexión que sin duda resulta como pocas veces aconsejable.

De esta manera, sumidos no en recuerdo melancólico, como sí más bien en la introspección profunda, es que corremos el riesgo de comprender que más que indagar en el pasado en busca de las soluciones, a menudo la franca lectura que no la interpretación de éste puede abocarnos a la comprensión no de los hechos por separado, cuando si más bien a la de una visión integral de acontecimientos para cuya íntegra consolidación resulta imprescindible aprovechar el efecto que la perspectiva proporcionada por el paso del tiempo aporta.

Abril de 1917

La heladora sensación provocada por los gélidos vientos, que en cualquier otro lugar sería lo único que no habría cambiado con el paso del tiempo, azota las paredes de los aparentemente desiertos edificios que componen la Estación Finlandia.

Datos más que suficientes para saber que estamos en Petrogrado, y que el tren que está a punto de hacer su entrada, puntual si tenemos en cuenta que resulta casi imposible comprender no ya solo cómo ha llegado, sino más bien por qué ha salido.

A bordo, Vladimit Llich Uliánov, LeninProcedente, al menos en los aspectos estrictamente geográficos, de Suiza; Lenin y sus treinta acompañantes ha logrado algo que de atenernos a cualquier otra consideración que no proceda de considerar lo extraordinario, habría resultado sencillamente imposible, a saber, atravesar territorio enemigo en un periplo que ha comenzado una semana antes, y que además de sorprendente dadas sus condiciones objetivas, resultará si cabe más descomunal una vez pueda ser analizado incluyendo para ello las tesis y condicionantes que el paso del tiempo aporten.

Si bien no nos encontramos ante el primer caso en el que Alemania permite el paso de enemigos de su Estado y de su Historia, ya había ocurrido a principios de la guerra, en 1914 cuando el viaje se había producido entre Austria y Hungría; lo cierto es que nunca como hasta entonces las circunstancias, ya de por sí impresionantes, se veían en este caso no solo reforzadas, cuando sí más bien evidentemente superadas, si tenemos en cuenta no solo los condicionantes materiales (el tren iba cargado de divisas) como sí más bien aquéllos que habrían de salir a la luz en caso de llevarse a cabo un análisis más pormenorizado de los mismos incluyendo pues en el mismo los condicionantes conceptuales que lo preñaban.

Para comprender la magnitud de los hechos, hemos, cómo no, de retrotraernos unos años, concretamente al límite conceptual y vital que separa la vitalidad propia del Romanticismo del XIX, de las concepciones estrictamente pragmáticas del Relativismo que ha impuesto el Realismo práctico del XX.

Ubicada toda la esencia de tamañas acepciones en el último cuarto del XIX, lo cierto es que un mero y aunque esté mal decirlo, superficial repaso de las sensaciones que la realidad nos ofrece, brinda un impresionante tamiz de consideraciones que resultan del todo imposibles de abarcar, resultando a lo sumo eficaz tratar de obtener de la impronta que las mismas nos ofrecen, una somera tentación que pronto se revelará por sí sola como necesaria de un esfuerzo alienante toda vez que los objetivos de las acciones que están a punto de desencadenarse pondrán en marcha acontecimientos de tamaña magnitud que solo la percepción de la energía cuya inversión resulta imprescindible, acierta a proporcionarnos un mero espejismo de las consecuencias que están en aquel entonces aún por venir, y de las que hoy todavía sentimos en unos casos, o padecemos en otros, sus efectos.

Último cuarto del XIX. 

Europa se desmorona. Y cierto es que tal desmoronamiento habría de entenderse como el esperable al observar el colapso de protagonizado por  un castillo de naipes de no ser que tal y como se desprende del inigualable trabajo llevado a cabo por Sebastian HAFFNER, podemos afirmar que tal hundimiento esconde en realidad un derribo controlado.

El motivo, todo ocurre, una vez más, siguiendo las tesis que los planes de Alemania, ¡cómo no! han impuesto.

Porque sí, Europa se hunde. Las presiones procedentes del Imperio Otomano procedente del Sureste resultan un juego de niños al menos en lo concerniente a sus consecuencias, de comparar las mismas a las tensiones que inflaman de nuevo las relaciones entre Francia y Gran Bretaña cuando éstas se reflejan en unos enfrentamientos que si bien hunden sus raíces en lo más recóndito de la génesis de ambos países, adoptan ahora un tinte de actualidad al trasladarse, al menos en lo concerniente a su quehacer práctico, a las colonias africanas y asiáticas, lo cual por otro lado no logra disimular del todo los ancestrales motivos que una y mil veces inflaman esta llama cuales son el imprescindible mantenimiento de la mutua vigilancia al que ambas potencias se someten, mientras por el rabillo del ojo, y a veces sin el menor disimulo, vigilan de manera conjunta exponiéndose al más claro ejemplo de simbiosis política comprendido hasta el momento, el posible efecto que una improbable aunque a la vez igualmente inevitable confrontación con Alemania tendría; un enfrentamiento que a la luz de las nuevas relaciones formalizadas por todo el mundo a raíz de la internacionalización que ha venido promovida por el éxito de la nueva forma de relacionarse, a saber la relación comercial internacional, amenaza con mostrarse mundial.

Débiles pues, al menos en apariencia, las tesis sobre las que se sustenta el que definitivamente parece ser el procedimiento elegido para inferir el nuevo orden mundial

Y en el centro, como siempre, Alemania. Una Alemania que ubicada en el que a todas luces constituye el fin de un ciclo, el que denominaremos Ciclo Bismarck.

Se consolida, o al menos así se acepta en términos estrictamente históricos (en caso de que tales existan) la certeza de que de las mimbres que Bismarck urdió, se devengarán luego con intereses y costas los pagos que del cesto así confeccionado habrá de hacerse cargo Europa, incluyendo en ello las relaciones que para con el resto de actores internacionales hayan de ser de recibo, siendo aquí precisamente donde se justifica de manera necesaria, esto es, por sí mismo, el motivo de la inclusión de la presente reflexión.

Porque cuando las tesis que para con Rusia dictaba el Modelo Bismarck terminaron por imponerse, convirtiendo en casi imprescindible lo que en cualquier otro caso hubiera sido un error a saber, promover la guerra; lo que estaba por venir vinculó como nunca y para siempre a ambas naciones, aunque no como probablemente hubiésemos podido esperar.

Porque cuando aquel tren procedente de Suiza que durante siete días había atravesado Alemania llevando a Lenin y a treinta de sus adeptos, así como ingentes cantidades de oro y divisas directamente extraídas de los bolsillos de los emigrantes y expatriados rusos que en aquellos tiempos se encontraban repartidos por Europa, lo que en realidad estaba a punto de desencadenarse no era sino el primer lanzamiento de unos dados que ocultaban uno de los mayores engaños desarrollado a cuatro bandas, de cuantos la Historia ha sido testigo.

Porque si complicado resulta de entender el razonamiento que lleva a los alemanes a provocar la entrada de Rusia en la Guerra del 14a saber las que afirman que no podemos desguarnecer la frontera del este provocando al enemigo, lo que ocurriría sin duda en caso de desplazar las tropas allí destacadas, para atacar Francia; no menos descabellado resulta el plan pergeñado y desarrollado ahora, y que consiste en proporcionar refrendo económico al movimiento revolucionario precisamente en aquel momento, caracterizado por la más que evidente debilidad de un Gobierno Provisional surgido de la primera revolución; y que resulta siempre según los servicios de información alemanes un ente carente de peligro para el resto de potencias extranjeras beligerantes o no, a la vista de sus escasas capacidades de proyección y sustento, lo que en todo caso no hace sino reforzar tales conclusiones.

Pero cómo desestabilizar al enemigo sin que la posible participación de potencias extranjeras, más concretamente del eterno enemigo, Alemania, lejos de despejar la incógnita rusa de la ecuación, no haga sino enquistar aún más su presencia en la contienda mundial.

La respuesta

Lenin. Líder, revolucionario, ideólogo y ante todo, militante, no solo sus opiniones cuando sí más bien el impacto que éstas tenían en la comunidad rusa (especialmente en la judía) exiliados en Europa, le dotaban no solo de los condicionantes ideales para convertirle en el hombre idóneo, cuando sí incluso en el más eficaz en tanto que tal vez el único que creía fervorosamente en la naturaleza de la misión que se iba a desarrollar. O al menos en la parte que concernía a los alemanes, a la sazón la única que permitiría se supiera hasta que llegara el momento de ir desentrañando todas las demás.

De esta manera, cuando Lenin pisó de nuevo la tierra de la nueva Rusia en la Estación Finlandia de Petrogrado aquel 16 de abril de 1917, lo hizo convencido de que iba a cambiar la historia de su patria, y algunos pensamos que en su fuero interno también era consciente, como correspondería al análisis de evidencias desarrollado por alguien de su talla, de que al menos en parte iba a contribuir a restablecer los viejos equilibrios, cambiando con ello el desarrollo que para la Historia del Mundo cabía esperar.

Porque junto con el dinero y los adeptos, en una escala diferente, y tal vez más importante, Lenin alcanzó Rusia con el acervo que le inferían sus teorías.

Unas teorías así denominadas aunque nunca definidas desde la intención de permanecer al abrigo que proporciona la teoría, sino que más bien al contrario era el mundo de lo práctico al que tendían, infiriéndose de las mismas todo un marco teórico destinado en este caso, nada más y nada menos que a sustentar un nuevo Gobierno amparado en su legitimidad por un nuevo y si cabe más revolucionario modelo ideológico.

El éxito de las a partir de entonces denominadas Tesis de Abril fue tan espectacular, que superó las expectativas de todos, a excepción del propio Lenin, inductor tanto de sus esencias como de su naturaleza.

La Revolución ha degenerado

Así, tras lograr la renuncia de Nicolás II en un tiempo récord, y su sustitución por un gobierno de transición en un tiempo igualmente admirable, se pierde luego en una serie de debates en los que la falta de práctica política tiene gran parte de culpa.

Bolcheviques y Mencheviqueso lo que es lo mismo radicales y moderados, se lanzan a una fratricida guerra civil que es manejada con gran habilidad por un Lenin que da muestras de ser mucho más de lo que no ya los alemanes, sino sus propios compatriotas, habían imaginado. Como prueba de ello, la publicación de las que pasarán a la Historia como las tesis de Abril, en las que promete la paz inmediata, el reparto de las tierras antaño propiedad de los aristócratas, entre el campesinado; la colectivización del tejido industrial, y el respeto a las nacionalidades o diferencias sociales rusas.

Finalizada la guerra en 1921, la antigua Rusia se amolda ahora a los nuevos tiempos mediante la imposición de una Dictadura Comunista de la que Lenin será su gran defensor y a efectos padre.


Desarrolla además una serie de medidas, entre las que destaca sin duda el Plan NEP (Nueva Política Económica) cuyo desarrollo, como no podía ser de otro modo, tiene consecuencias que desbordan con mucho los en principio límites de la estructura económica. La conformación de Soviets, estructuras en principio solo productivas, atendiendo a criterios de autosuficiencia; promueve a la par que constata en 1922 el nacimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS la cual bajo un nuevo orden basado en la estructura federal, concita los principios de nación inalienable en tanto que se agrupa en torno a un Soviet Supremo  el cual, junto al resto de órganos legislativos, quedan bajo el férreo control del Partido Comunista (PCUS)

Las Tesis de Abril, han triunfado

Y de ahí, a un devenir incuestionable, del que muchas veces las nuevas formas de dictadura disimulada en tanto que ahora no se ejecuta por un solo hombre, sino por un Gobierno, la Duma en este caso, dan forma al que es sin duda el último gran Imperio de Europa.

Un imperio que a mi entender, junto al de muchos otros, da sus últimos pasos a raíz de la muerte de su último gran jerarca, Stalin, acaecida el 5 de marzo de 1953.

La URSS, como toda estructura ingente, pasará a partir de ese momento a vegetar en pos de un colapso que tardará en llegar sólo por la enormidad del proyecto, en todos los campos.

De esta manera, y al abrigo de las mismas, rápida y eficazmente habilitaría los procesos necesarios para la absoluta implementación no solo de las mismas, sino también de todos y cada uno de protocolos que eran o se consideraban imprescindibles para el triunfo del nuevo formato que a partir de ese momento quedó determinado para la Revolución.

Un formato que pronto permitió discernir la condición paternalista que impresa por el Líder, acabaría por dotarle de una suficiencia casi imprescindible, lo que influiría como ninguna otra circunstancia a la hora de convertir al por entonces generador de ideas, en el líder, tirano y dictador que acabó siendo. Y todo ello, implementando el modelo de procedimiento que desde ese momento será el preferido por otros tiranos a saber, el que pasa por la manipulación de los mecanismos democráticamente establecidos al utilizarlos para la aprobación de reformas legislativas al amparo de una acumulación de poder lenta aunque progresiva, en pos de convertir al líder en el menor de los males, cuando no en el único salvador.

Lo demás es conocido, o por ser más exactos, no necesita de interpretación.


Nicolas EYMERICH (Inquisidor Mayor de Aragón)

Cronista del Futuro, pues soy de los que sortea obstáculos convencido de llegados al actual momento de la partida, ya todas las cartas descansan sobre el tapete. Es así que el buen jugador será el competente para formular las preguntas adecuadas, pues todas las respuestas han sido ya dadas.

Jasón depositó la felicidad en una meta con forma de oro. Yo creo que la felicidad se encuentra en el camino, correspondiendo a cada uno el deber de encontrarla

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Escríbeme a nido@elnidocaotico.com. Pon en el asunto: para El Inquisidor

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