Les jours passent et ne se ressemblent pas. Este dicho francés me vino hoy a la mente, en mi sexto día de confinamiento. Literalmente, significa que las cosas varían de un día para otro según las circunstancias, atenuando el optimismo y el pesimismo o para distanciarse de los acontecimientos de un día determinado...


De momento, no llevo mal el confinamiento, ni el teletrabajo. Toco madera. Me he impuesto una rutina, con horarios y una cierta disciplina: nada de estar en pijama hasta las 11 de la mañana. Hablo con mis plantas verdes y he descubierto que tenía aductores que duelen un infierno después de cumplir a rajatabla con una tabla de ejercicios de musculación. A mi edad, hay que luchar contra los efectos de la ley de la gravedad… Por la tarde, “whatsapperitivo” con las amigas, gracias a las videollamadas. No se puede estar sin contacto con el exterior, ni perder las buenas costumbres. Leo, miro conferencias, hago acopio de conocimientos. Celebro la creatividad y el indefectible sentido del humor español que se expresa a través de un sinfín de memes, vídeos y ocurrencias cómicas. Y así pasan los días…


Contra todo pronóstico, he descubierto que se puede ligar el doble estando pasiva en casa que suelta y activa fuera. Los milagros de Facebook...y del aburrimiento. Ya veremos si el encanto sobrevive al final de este toque de queda.


También he retomado contacto con “fantasmas” benevolentes que, alertados por las noticias alarmistas que se filtran por la prensa, se han preocupado por mí: aquel novio italiano, aquel hermano distante…


No me puedo quejar. Esta situación inédita me obliga a reflexionar sobre la suerte que tengo. No soy ninguna Anne Frank, obligada a un confinamiento forzado por otras circunstancias mucho más dramáticas… Tampoco vivo en Idlib, atrapada en la más perfecta miseria y desesperación, con una muerte segura al acecho, bajo la forma de misiles made in las industrias armamentistas occidentales. Ni soy una de estas enfermeras heroicas de 12 de octubre que entrevisté hace varios años, ya exhaustas en aquella época, trabajando en urgencias como animales de carga, empalmando días y noches, a veces enfermas, volviendo a casa con el "búho" por no tener ni para comprarse un coche. Pienso con emoción en estos colectivos laboriosos, comprometidos, que no se quejan porque no tienen tiempo.


La pandemia del covid-19 es toda una advertencia, pero, como los versos de Ramón de Campoamor, creo que dependerá mucho del color del cristal con que se mira el mundo. Muchos se entregan ahora a un ejercicio de compunción… Unas causas justas que, hasta ahora, no habían llamado la atención en exceso se convierten en motivos de caceroladas expiatorias: ¡hay que defender los servicios públicos! ¡La naturaleza nos castiga! ¡Hay que ser más solidarios, más generosos, más de todo lo que no hemos sido hasta ahora! #QuedateEnTuPutaCasa pero #QuedateTambiénParaAtenderme… No sé si esta crisis será una lección de las duras para, como muchos esperamos, provocar un cambio necesario. La historia ha demostrado que la resiliencia pasa también por tener una memoria corta y/o selectiva.


Tenemos algo de este impala que corre, desbocado, con una leona hambrienta en los talones. La persecución, filmada por un reportero animalista, se nos hace eterna e insoportable. La leona consigue arañar el muslo de su presa, haciéndola tropezar… ¡Es el fin! Pues no. En un último brinco desesperado, el impala se incorpora, cocea y reúne sus últimas fuerzas para franquea un riachuelo. La leona se rinde, con la lengua fuera. El impala se vuelve una última vez para valorar la situación: se ha salvado. Y vuelve a pacer tranquilamente... con la leona jadeante aún a unos pocos metros. 



Nathalie

Nathalie Pedestarres nació y se crio en Toulouse. Tras sus estudios, sintió la necesidad de salir a ver mundo y se fue a vivir unos años en Canadá, en Inglaterra y en España. Su trabajo de reportera también la llevó a viajar por todo el planeta, pero es en Madrid donde finalmente fijó su domicilio. Ejerció periodismo durante más de 20 años, antes de rendirse ante la precariedad del oficio, pero sin perder nunca la vocación. 

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  • Miguel G. Torres dice:

    Buenas tardes Nathalie, encantado de conocerte, bueno te conocí ayer en la tertulia digital de filosofía.
    En serio se liga mas en este confinamiento ??? Te creo, pero me tienes que dar el secreto.


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