Foto de la portada de Jorge Hugo Melgarejo

A la hora de la Rebelión contra la Extinción, de la guerra santa contra el plástico y de la “Greta-manía”, es legítimo cuestionar la eficiencia real de toda esta agitación colapsofóbica ante la incuria política ¿Y si la clave de nuestra supervivencia como especie fuera ante todo un replanteo ontológico radical; un reposicionamiento a 180 grados del humano en el orden cósmico? 

El pasado viernes, me crucé con Jorge Hugo Melgarejo por una calle de Galapagar. Los dos íbamos al mismo sitio y habíamos llegado temprano… Fuera, llovía. Así que, para hacer tiempo, nos fuimos a tomar algo. Jorge Hugo es un reportero de guerra como ya no los hay; un tête-brûlée – aventurero - además de literato que consiguió burlar la muerte durante más de 40 años. Esta hazaña le dejó con el cuerpo y la voz rotos y una propensión a reírse de todo o a menudo.

Aquel día, me habla, con pasión, de su casa en Galicia, reclinada en un monte donde resuellan y retozan caballos salvajes en las brumas atlánticas. Me dice que ya no va a la rapa das bestas porque no soporta oír el llanto de las yeguas cuando se les confisca sus potrillos que irán a completar la tabla del carnicero. “Pasado un tiempo, se acostumbran a la ausencia de sus crías y se van callando”, me dice Jorge Hugo. Esta observación “sin paliativos” me trae a la mente una imagen de la naturaleza en toda su desmesura primitiva; una reminiscencia de lo que era aquella naturaleza salvaje y monumental, desbordante de energía sin domesticar, cuando el hombre estaba todavía en lo más bajo de la jerarquía telúrica… El director mejicano Alejandro González Iñarritu consiguió como nadie retratar esta relación de fuerza desesperadamente desigual entre el hombre y una naturaleza brava en las 2 horas y 36 minutos que dura The Revenant. Se sufre…

   ...cuando el humano estaba todavía en lo más bajo de la jerarquía telúrica.

Para tener una idea de cómo aquel renacuajo bípedo consiguió elevarse al rango de amo del universo, basta con leer el fenómeno literario del año pasado, Sapiens, de Yuval Noah Harari. El hombre ha llegado a controlar casi integralmente el planeta y poner las demás especies a su servicio. Sin embargo, se da cuenta también de que el planeta cada vez más le planta cara por los abusos y los daños que lleva siglos haciéndole… Los jóvenes, en particular, se sublevan ahora en contra del colapso climático y de la explotación indigna de los animales, llevados por lo que el fenómeno Greta Thunberg tiene de más sincero. Y después de haber arrancado sonrisas de conejo a los adultos y falsas muestras de indulgencia, ahora su insistente y creciente protesta empieza a molestar al Sistema que trata de desacreditarlo.

Sin embargo, no hay alternativa... Más consumo, más producción, más rendimiento llevan al agotamiento de los recursos vitales. Corremos a las bravas hacia el suicidio, “Este mundo de mercancías no es apto para ser habitado”, sentencia el filósofo alemán de origen coreano Byung Chul-Han en su ensayo La Sociedad del Cansancio ¡Huele a chamuscado! Los bosques que nos dan el oxígeno se queman para hacerles sitio a "granjas de mil vacas" hacinadas y maltratadas en condiciones terroríficas. Se expulsa y se mata de hambre a poblaciones autóctonas, saqueando los recursos naturales de sus territorios para sobrealimentar a otra parte del mundo que revienta de obesidad. Hemos llegado a tal punto de explotación del planeta que ya no valoramos el derecho a vivir de la Naturaleza, cuando de ella depende nuestra propia supervivencia. Algunas mentes suicidas hasta pretenden ponerle un precio… 

   Cambiar nuestra mentalidad antropocéntrica no se va a hacer en un día...

Ya no somos capaces de pensar “fuera” de nuestra condición antropomorfista dominante. En su ensayo, Une Autre Fin du Monde est Possible, los investigadores Pablo Servigne, Raphaël Stevens y Gauthier Chapelle, abordan la problemática “tabú” de otorgar o no a la naturaleza una personalidad jurídica : “¿A qué se parecería un inmenso parlamento interespecies?, se preguntan.

Ecuador ha sido pionero en constitucionalizar los derechos de la Naturaleza, reconociéndole un estatuto de igualdad y complementariedad con la especie humana y no una relación de subordinación. No se trata de pensar una ecología condescendiente que trata la Naturaleza como una minoría vulnerable, subalterne y dependiente. “Necesitamos apreciar cuál es la diferencia principal entre derecho ambiental y derechos de la naturaleza”, escribe el jurista catalán Eduard Daura Corral en un artículo brillante. “Cuando hablamos de derecho ambiental debemos entender que su construcción antropocéntrica pretende proteger el entorno humano, todo aquello que nos rodea como objetivo primordial. Los derechos de la naturaleza en cambio intentan defender a todo aquel elemento de la Naturaleza que sea susceptible de protección (ríos, volcanes, bosques, polos glaciares, etc.), sin considerar a la humanidad como núcleo primordial de protección”.

Cambiar nuestra mentalidad antropocéntrica no se va a hacer en un día… Obvio. Pero, ya no tenemos elección. Ya no se trata, como lo subrayan los autores de Otro Fin del Mundo es Posible, de tener la obligación de devolver a la naturaleza todo lo que nos está dando. Se trata ya de asumir la terrible perspectiva de que, si no lo hacemos ahora, dentro de nada la Naturaleza resucitará…sin nosotros. 

  • Paco dice:

    «El hombre ha llegado a controlar casi integralmente el planeta…». Pues yo soy hombre y casi nunca me ha dado por controlar a casi nadie ni a casi nada. Me imagino que la autora se refiere al «ser humano». Aquí quien controla (desde hace milenios) es una minoría de dominadores y explotadores.
    «Los jóvenes … se sublevan y …los adultos … ponen sonrisas de conejo». Las mujeres no sé qué y los hombres no sé cuál. Los negros esto y los blancos lo otro ¡Merde! soy hombre, soy blanco y además adulto (y de las tres cosas mucho).
    Fórmula para «cambiar nuestra mentalidad antropocéntrica»: abolición del trabajo asalariado como instrumento de explotación y abolición del Estado como instrumento de poder. Como no se da ninguna, aventuro la mía.
    El post está bien en cuanto a ideas, que es lo importante, pero a nivel de conceptos hay que cuidar lo que se dice.


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